viernes, 7 de febrero de 2014

El nombre de nuestro blog

Erase una vez, un rey vanidoso. Con un trono y una mujer a la que tenía por esposa. La reina de la que él se enorgullecía. La mujer de la que estaba tan profundamente enamorado que empezó a hablar de sus numerosas virtudes a la vista. Pero no lo hizo con cualquiera sino con personas que él mismo elegía. Particularmente lo hizo con un hombre. Una servidor ante el cual se jactó de la belleza de la reina sin el menor tacto y con tan poca discreción que el servidor terminaría aceptando la invitación de inmiscuirse en la alcoba del matrimonio para poder así apreciar las cualidades de la reina de la que tanto su marido le hablaba. Conocimos esta deliciosa historia extraída de las fábulas de Heródoto a través de Horacio, uno de los caballeros  al que tuvimos la fortuna de conocer. Un hombre maduro que nos ilustró con sapiencia acerca de la inquietud surgida en torno a una fantasía casi secreta. Nos habló del rol del rey Candaules como soberano de Lidia, de su hermosa mujer retratada con exactitud por la lengua de su incauto esposo y del afortunado Gijes que coronaría la historia de esta particular trinidad.  

La historia que da nombre a nuestro blog proviene de muchas antiguas escrituras pero sobre todo de Heródoto quien relata el hecho sobre el antiguo rey griego Candaules (siglo VIII-VII A.C) quien ideara un complot para mostrar  a su esposa desnuda a su siervo sin que ella lo supiera. Después de descubrir que Gijes la estaba mirando desnuda, la esposa de Candaules se sintió engañada y vapuleada con razón y tras mandar a llamarlo a su dormitorio, la reina le pidió elegir entre matarse a sí mismo o asesinar a Candaules para castigar su falta. Gijes mató al rey y lo reemplazó en el trono.  

Luego de maravillarnos con los pormenores del relato por el libro que nos enseñara Horacio-quien llamó a mi marido "Candaules" desde el incio-nos aficionamos a la temática no sin antes permitirle a nuestro amigo que se inmiscuyera en la piel de Gijes -sin usurpar el trono del rey al que no pedí que asesinara por ahora-, inaugurando una afición que hemos tenido desde entonces y que practicamos en contadas ocasiones solo con quienes creemos que merecen llamarse Gijes.  A todos, que no son muchos, los iremos recordando en este humilde blog, como creo que merecen ser recordados. En especial, el buen Horacio, primigenio consumador de la práctica que decidimos adoptar convenientemente. A todos...gracias.

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